Mártires Claretianos
Carta de despedida de los seminaristas a la Congregación
«Querida Congregación: Anteayer, día 11, murieron, con la generosidad
con que mueren los mártires, seis de nuestros hermanos; hoy, trece, han
alcanzado la palma de la victoria 20, y mañana, catorce, esperamos morir los 21
restantes. ¡Gloria a Dios! ¡Gloria a Dios! ¡Y qué nobles y heroicos se están
portando tus hijos. Pasamos el día animándonos para el martirio y rezando por
nuestros enemigos y por nuestro querido Instituto. Cuando llega el momento de
designar las víctimas hay en todos serenidad santa y ansia de oír el nombre
para adelantar y ponernos en las filas de los elegidos; esperamos el momento
con generosa impaciencia, y cuando ha llegado, hemos visto a unos besar los
cordeles con que los ataban, y a otros dirigir palabras de perdón a la turba
armada: cuando van en el camión hacia el cementerio, les oímos gritar ¡Viva
Cristo Rey! Mañana iremos los restantes y ya tenemos la consigna de aclamar,
aunque suenen los disparos, al Corazón de nuestra Madre, a Cristo Rey, a la
Iglesia Católica, y a ti, Madre común de todos nosotros. Me dicen mis
compañeros que yo inicie los ¡vivas! y que ellos ya responderán. Yo gritaré con
todas la fuerza de mis pulmones, y en nuestros clamores entusiastas adivina tú,
Congregación querida, el amor que te tenemos, pues te llevamos en nuestros
recuerdos hasta estas regiones de dolor y muerte.
Morimos todos contentos sin que nadie sienta desmayo ni pesares: morimos
todos rogando a Dios que la sangre que caiga de nuestras heridas no sea sangre
vengadora, sino sangre que entrando roja y viva por tus venas, estimule tu
desarrollo y expansión por todo el mundo. ¡Adiós, querida Congregación! Tus
hijos, Mártires de Barbastro, te saludan desde la prisión y te ofrecen sus
dolores y angustias en holocausto expiatorio por nuestras deficiencias y en
testimonio de nuestro amor fiel, generoso y perpetuo. Los Mártires de mañana,
catorce, recuerdan que mueren en vísperas de la Asunción. ¡Y qué recuerdo éste!
Morimos por llevar la sotana y moriremos precisamente el mismo día en que nos
impusieron.
Los Mártires de Barbastro, y en nombre de todos, el último y más indigno
Faustino Pérez. C. M. F.
¡Viva Cristo Rey! ¡Viva el Corazón de María! ¡Viva la Congregación! Adiós,
querido Instituto. Vamos al cielo a rogar por ti. ¡Adiós, adiós!


